lunes 28 de diciembre de 2009

Vuelve a mí

¿Por qué das de comer a mi mente? ¿Por qué despiertas mi curiosidad, desafias mi capacidad? Tú que me agarras de la mano y me conduces por un pasadizo tenebroso y oscuro. Tú que tiras sin piedad, sin avisarme de obstáculos, permitiendo que oiga pero no que mire. Tú que andas grácil y te burlas de mi andar patoso e indeciso. Tú que ocultas tu rsotro. Tú que siempre escapas tras un gran portón que no cede ante mis insistentes empujones. Tú que me dejas con la imposibilidad de avanzar y con el terror a volver. Tú que me atraes hasta el marco, me obligas a palpar las maderas, me incitas a oler el barniz y el aceite de las visagras. Tú que me creas ilusiones si puedo ver tu sombra entre la luz que se escapa por las rendijas. Tú que me haces soñar con la llave que me haga comprender, que me lleve a la plenitud, que me una por fin al alma, que me haga encontrarme conmigo mismo. Tú que me provocas inseguridad, que me haces sentir limitado, diminuto, frustrado. Tú que me betas para ese destino maravilloso, que me creas ansiedad y desidia, que me haces envidiar, dañarme con la idea de no estar preparado para traspasar esa puerta. Tú que me privas... vuelve a mí.

Ardiendo

Camino por el mundo focalizando la mirada, absorviendo los parámetros que hablan en la misma lengua que mi hemisferio derecho. No se, o quizá no me atrevo a atravesar las dimensiones, a olvidar el tiempo y el espacio y a bajar de mi cabeza y volar con las manos dejando la absurda busqueda de alas... Quiero expulsar a mi personalidad y ser libre; olvidar mi identida y ser libre; establecer vinculos con otros que no se sostengan sobre ideales, valores, coincidencias, aficiones..simplemente, ¡que no se sostengan!, ¡que floten!, a la deriva en un mar desconocido pero con la seguridad de que la atmósfera corrompida y desagradable no llega y que de hacerlo, únicamente pueda acceder a traves del filtro que la adecúe a las nuevas magnitudes, pues sólo hay una manera de llegar al sol: ardiendo.

viernes 27 de noviembre de 2009

Alejando cuervos

No quiero volver a oir hablar de sueños por que las caras felices a traves del cristal por donde miro se me antojan burlonas y las palabras de aliento despiden una fragancia a condolencia que no soporto. Y es que estoy bastante harto de adornaros con espectativas, de convertiros en ideales a los que no llegais ni en vuestros días más lúcidos. Quiero ver a esas personas que sé que fallan y “la cagan”, que caen, que se averguenzan y se sienten superadas, inseguras, perdidas, tristes... Quiero verlo en otros para no sentirme en desventaja, para no levantarme y que sea yo el que ponga el primer obstaculo en mi camino. No quiero cruzar el portal de mi casa y llevar media batalla perdida con el mundo y afrontar la otra media con unas espectativas paupérrimas. Quiero ser yo el que saluda o el que discute y no ese monigote que clavo en medio del huerto y aleja a los cuervos de la semilla. Quiero compartir esa semilla, hablar de esto con alguien. Pero me imagino buscando a la persona a la que pueda interesar estas palabras y al llegar a su puerta no me atrevo a abrir. No me atrevo a entrar, a “crear molestias”, asique dejo una nota en la puerta y doy un ligero golpe en el marco, apenas audible, quizas buscando eso: que no se oiga. Así ando autoengañarme diciendome a mi mismo que llegué al portal llamé pero nadie abrió, que yo cumplí con mi parte pero vosotros fallasteis. Me fallasteis. Asi dejo de idealizaros y vuestro nombre pasa a engrosar la lista de personas que nunca más necesitaré... ¡Que pena que nunca encuentre el término medio!

domingo 15 de noviembre de 2009

La Historia de las Religiones

"Hoy el mundo va a saber de que soy capaz. Van a quedar admirados por mi inteligencia y habilidad, y traspasaré las barreras a través de una disciplina para alumbrar con mi personalidad el personaje publico tan admirado que seré y encumbrar mi nombre en la perpetuidad de los días". Esas eran justo las palabras fuente de la inspiración de la ambición de un joven que ansiaba la admiración y envidiaba a quienes, a sus ojos, gozaban inmerecidamente de ella. Desde ese día, el joven, hipotecó su tiempo a fin de realizar esa genialidad que le brindara el éxito para el cual opinaba haber nacido.

Casi sin esfuerzo, en el ínfimo lapso de siete días y como una repetición exacta del sueño que tanta noches había visualizado emocionado , salto y consiguió completar una vuelta completa. Todos los afortunados que, azares de la vida, se encontraban en las cercanías vivieron en primera persona aquel momento sublime. Todos corrieron alrededor de el aclamado al héroe. "¡Acaba de hacer un mortal sin usar las manos!, es... ¡increíble!".

Comenzó a correrse la voz como fuego sobre pólvora seca y a acercarse individuos como virutas de hierro atraídas por un imán. Empezaba un desfile de rostros totalmente desconocidos para el y rostros que no se dejaban ver, que disparaban fotos como verdaderos autómatas: sorprendía que hasta profesionales de la instantánea quisieran inmortalizar tal prodigio. Los flashes le cegaron. Sus ojos, poco acostumbrados a estas exposiciones, tardaron algunos minutos en acostumbrarse y alimentar al cerebro del joven de nuevas imágenes sobre lo que ocurría: El gentío que ahora se agolpaba alrededor suya superaba con creces el recuerdo de cualquier situación parecida que hubiera vivido antes.

Sentía la gloria acariciando su cuerpo, subiendo por sus pies, rozando sus zonas intimas, ruborizándole y haciéndole sentir desnudo, pero no de vergüenza, no, de placer, de libertad, de haber superado su cuerpo. Ascendía al cielo, a la eternidad, al éxito, al salón de la fama donde le aguardaban los genios, héroes y celebridades que dejaron su antes que él huella en la historia de la humanidad. ¡Se estaba codeando con verdaderos mitos, nombres que nunca se olvidarían! Y entre ellos... el suyo propio!

El público que se conglomeraba alrededor suya era ya demasiado, con lo que apenas quedaba espacio para respirar. Empezaba a temer por su vida y ,sin querer, exhalo un grito. Viendo que de continuar en así seria cuestión de tiempo que muriera por aplastamiento decidió valerse de los que le rodeaban para escalar hasta situarse encima de ellos. Golpeo estómagos se apoyo en manos, hombros, caras... caras que perdían dientes, pero no la sonrisa, que sangraban por la nariz fruto de haber recibido un patada del joven acróbata en su escalada, pero que en vez de furia clamaban gratitud al chico. Con grandes esfuerzos (que no sobrehumanos, como luego se diría) llego por fin a poder situarse encima de aquella muchedumbre ansiosa por tocar a su ídolo, por que le mirara, por estar ahí, cerca y sentirlo. Allá arriba vio una imagen impactante cuando diviso el horizonte: un mar de cabezas que se extendía hasta donde alcanzaba la vista. "¡De verdad he hecho algo fuera de lo normal!" se decía. Empezaba a ver pancartas de animo, caras de delirio, manos que le saludaban. Sus fans (denominación con la que había decidido dirigirse a ellos) le transportaban sobre sus cabezas como si de un concierto se tratase y el fuera el artista. "Soy un artista", pensaba o gritaba a las masa, daba igual, la masa estaba rendida a él. Era su único ídolo: no podían pensar en nadie mas y nadie les provocaba tal delirio, tanta felicidad completa. Él los llevaba al éxtasis, era una revelación, era su dios. "¡Soy Dios!", dijo y se meo de gusto y vio que su orina era recogida y tratada como si de un cáliz bendito se tratara. "¡Agua bendita!", rugía un hombre señalando una bota (Su bota) que hacia de contenedor del liquido y que a modo de antifaz, se había acomodado unos
calzoncillos en la cara. "¡Mis calzoncillos!", pero todo daba igual ya. La gente cantaba himnos sobre él, que eran pura tergiversación de su vida, ponían valores que no recordaba haber defendido nunca y palabras que a veces ni siquiera reconocía como propias de su lengua. La santificación llego a su cuarto, consagrando cada objeto que de él salia: sus discos de música, sus libros, sus dibujos, su cepillo de dientes, todo, absolutamente todo. Apareció un nuevo encapuchado con otro calzoncillo que rogaba al cielo mas "agua bendita" y que, tras llenar de nuevo el depósito, daba de beber a cualquiera que se acercara, eso si, con la condición de que entonara una plegaria y se dejara dibujar con el dedo un extraño símbolo en la frente. Era fantástico ver a toda esas gentes que lo besaban, lo envolvían con sus manos, lo rozaban con el pelo en su trasero desnudo, y en las que, sin pudor ni rubor, se defecaba y orinaba.

Pero pronto se aburrió, se sintió solo y ya no disfrutaba de todas esas alabanzas y oraciones que exageraban mentiras absurdas sobre su persona. Veía a algunos conocidos o a algunas persona con la que simplemente deseaba charlar pero la barrera humana no le dejaba sumergirse y alcanzarlas. Estaba atrapado. "Cambio de estrategia", pensó, pero tampoco dio resultado cuando hizo el intento de subir a alguien a su nivel. En esas ocasiones la cabeza que asomaba entre el tumulto, tras un segundo de desconcierto y abriendo los ojos tanto que casi se intuían por completo el contorno de sus globos oculares que se precipitaban comos si fueran a salírsele de las cuencas, volvía al mare mágnum de personas que empezaban a actuar de manera peligrosa. Era un contacto visual tan violento y extremo que menos mal que pocos segundos después el tirón de las personas de alrededor devolvía a aquellos "afortunados" al lugar de donde habían venido. Una vez devueltos, solían ser reconocido a estos como "elegidos por el Acróbata" y pronto los "elegido" empezaba a mentir sobre el encuentro con el joven que andaban sobre sus cabezas: "El me dijo, diles a todos que cada 16 de mayo harán ayuno en conmemoración miá".

El joven en su irónica soledad aunaba fuerzas para conseguir hacer ascender a alguien en su totalidad, pues con las "ascensiones" parciales solo conseguía dar ficticia credibilidad al discurso de predicadores egoístas que buscaban su propio rebaño de imbéciles. En una ocasión tiró con un movimiento eléctrico y enérgico con el que consiguió colocar a uno de ellos a su altura, la respuesta del gentío fue absolverlo entre ellos de nuevo para golpearlos hasta la muerte al grito de "hereje".

El joven acróbata estaba confundido, la situación se estaba alargando demasiado y había cuestiones sin responder que le hacia desesperarse allá arriba. "¿Si de verdad soy tan importante para ellos... por qué no me dejan que me acerque?, ¿Por qué no me dejan estar entre ellos?" Se sintió un pelele inútil que solo era adorado por la absurda necesidad que tenían de alguien superior al que mirar, en el que depositar sus esperanza, en el que cargar sus pecados, al que culpar de sus desdicha y tras el que esconder su cobardía. Ahora los veía débiles, corruptos, ineptos, ignorantes... Ahora recordaba: "¡solo soy un joven que ha hecho un mortal sin manos! Allá abajo habrá quien lo haga mejor, quien haga incluso dos mortales seguidos... ¡o quizá tres! No merezco ser reconocido de esta manera. No soy para tanto". Después de esas palabras algunas caras cambiaron y se tornaron desconfiadas, algunos brazos se bajaron, es mas, algunos brazos intentaron tirar de el hacia abajo: "es un impostor". Pero otros aun cegados por el delirio y embriagados de su orina se opusieron y desafiaron cualquier exaltación de ateísmo.

Así empezó la guerra, entre golpes que luego fueron cuchilladas que mas tarde sustituyeron disparos. El joven acróbata aun alzado entre sus defensores recibía golpes provenientes de sus críticos, pero también desde su propio bando, por parte de defensores que no median donde paraban sus golpes. Durante una refriega, tuvo la mala suerte de caer sin que nadie se percatase, pues sus gentes estaban ahora mas interesadas en acabar con otros que en alabarle. Poco después ya nadie se acordaba de quien era el. "Mira a este, desnudo, aquí en medio, burlándose de esta guerra que tantas victimas se ha llevado". Soldados de ambos bandos reparaban en el solo para golpearle. Había besado las mieles de la vida supraterrenal, había estado por encima de bien y mal, para caer estrepitosamente hasta el suelo y compartir espacio vital con cadáveres. Sangre propia y ajena fluían alrededor suya. El olor a muerto y orina era insoportable.

Permaneció vivo durante toda la guerra, muerto en todos los sentidos menos en el estricto, indemne salvo pequeños arañazos y moratones, pero totalmente derruido por dentro. Solo podía permanecer quieto mientras miraba las desgracias, los cuerpos mutilados, los niños perdidos, las madres desesperadas, los sedientos de sangre, los sedientos de paz envueltos en sangre, los defensores atacados, los atacantes indefensos... Sufrió cada tragedia como propia, cada puñalada, cada degollamiento, cada paliza. Las cargas brutales amasaban cuerpos como rodillos sobre masa de harina y agua. Él escuchaba la espeluznante sinfonía del quebrar de huesos, del sollozo sin consuelo, de los gritos enloquecidos por el dolor, del caer pesado de miembro al suelos, del chascar de cuellos, de las inspiraciones profundas que se agarraban a la vida sin éxito, de las suplicas infructuosas...

... Y Dios murió.

domingo 27 de septiembre de 2009

Dos pasos.

La música era el efecto que daba intención, que convertia insulsos movimientos puristas en conductores de un sentido. Así, a bordo de dos simples pasos podías respirar helada intriga en un film de hitchcock, sólo si a la orquesta que daba voz al espeluznante momento le placía enfatizar eso instantes de violenta y repentina incertidumbre entre las sombras; podías explotar de euforia si esos dos pasos en vez de conducir a un terrible final fueran la distancia restante a una meta que a camara lenta reinventa el significado de apogeo haciendo uso de la clásica BSO de carros de fuego; o podías enamorarte... Iván no podia evitar lanzar miradas disimuladas a su objetivo mientras aparentaba la nada creible indiferencia de quien inspecciona un lugar y sospechosamente repara mucho en el techo. ¿La culpable? Una chica que tras dos pasos tomó asiento tres filas más allá. ¿Y la música? Se creó en su cabeza durante ese instante y no dejo de sonar en todo el día.

viernes 12 de junio de 2009

Decidí

Sonaba beethoven cuando decidí escribir esa noche.

Y digo bien “decidí”, por que hacía tiempo ya que de mi mano no se apoderaba esa inercia nacida de la nada, que por ninguna razon en concreto comenzaba a empujar al sentido y la forma, encadenandolos desde el recuerdo y la vivencia, para gobernar hasta el pestañeo de un cuerpo regalado a la sombra. Sin ademán de querer controlar nada, mi mente se entregaba al vacío que supone un folio en blanco. Recuerdos de “tiempos mejores”. Cuando no necesitaba querer imponer mi autoridad. Cuando no dudaba de mí y no me sentía un puto fracaso.

Era horrible temer que mis ilusiones hubieran venido a mi cogidas de la mano de una alucinación, y que de la misma manera fugaz que vinieron, se largarían. Me sentía un inversor descubriendome víctima de un timo. Y todos mis ahorros, depositados año tras año en lo que se vislumbraba como una oportunidad única de contribuir a un proyecto grandioso, ahora llenaban el bolsillo de un timador hijo de puta y miserable, pero que había demostrado ser mas inteligente. Pero a mí nadie me engañó. Era yo, que me agarraba a una piedra ardiendo con el mínimo comentario alagador que recibiera. ¡No podría perdonarme nunca haber sido tan estúpido!, haber estado tan ciego... ¡Yo!, que idolatraba cada cosa que emanaba de mi mente, no entendía que esa manera tan subjetiva de entender un narcisimos, llegando incluso a ocultarlo tras un supuesto “don”, pudiera huir junto con todas las demas facultades que tan único me hacían sentir.

Aburrido de serrarme el craneo, meter la mano y sacar sesos sin grabados, me puse beethoven un folio en blanco y escribí la palabra “Decidí”. Acto seguido arrugué el folío y me juré que nunca mas empezaría una historia de aquella manera.

miércoles 3 de junio de 2009

Quedastes sola

Llevas dos horas delante del espejo y no te atreves a mirar. No se de que tienes miedo, no se siquiera si es miedo. Estás ausente. Se comenta que actuas de forma extraña, que te ha invadido una decepción generalizada y no puedes escapar de ella. Yo te veo sonreir y sonrio, pero te veo llorar desconsolada y me quedo pávido, absorto, relajado observando como descargas tu ira y tu frustración, como el que ve una tormenta en el mar. Es increíble la magnitud alcanzada por ese torrente de fuerza autodestructiva desatada, pero a la vez tan bello por la infinidad de expresiones que en un segundo parecen haber descrito mil sucesos revividos de nuevo, golpeando los pilares de tu entereza con una fuerza y con una frecuencia cuya intensidad, finalmente, los hace tambalearse violentamente hasta que se derrumban. Las ruinas pesan tanto como todo lo construido, pero pensar que ya no hay por que luchar, resta resistencia. Hundes la cabeza entre tus piernas por que ya no quieres que lea tus ojos; me das la espalda para no compartirlo con nadie. Quieres que me vaya, quedarte sola, contemplar el vacío y rechazar el espejismo de la esperanza. Estás exhausta, pero recobras la compostura, embriagada por un halo de resignación conformista. Tu puslo es irregular, pero lo suficientemente calmado como para respaldar la decisión que has tomado y no poder echarla atras argumentando un momento de delirio.